Estaba ocultándome un ratito, entre vino y música... ¡cosas que me dan!, me ausentaba mientras pudiera, pues las mariposas en la panza siempre vienen en forma de relatos tristes... y llegaste tú, niña alunada que me susurra epígrafes, para luego arrancarme las mariposas como si estuviéramos despiertos.
Querida niña alunada, no fue una oportunidad perdida, fue un tiempo de soledad, ella tan necesaria y propicia para saber lo que deseas; pero ni en mis alucinaciones te vi tan capaz de reproducir tu ingenuidad en mi ventana llena de orugas, ¡ingenuidad bendita y dulce!
Querida niña alunada, si tan solo me dejaras regalarte algo, te regalaría mis ojos para que te puedas ver como yo te veo, y mi corazón, para que puedas sentirte como yo te siento. Niña alunada, no me sorprende que seas menos que humana, tampoco me sorprende que no seas de ningún planeta, porque eres quien habita mis sueños favoritos.
Querida niña alunada, ¿acaso no te das cuenta que somos orugas que se encienden con tan solo mirarnos?. No me gusta esperar a los días, en cambio me gusta esperarte a ti y a tus deseos, a ese paraíso perfecto y extinto, a esas caricias de domingo cuando apenas era miércoles. Pequeña cenicienta de bengala, quédate en tu caja bailando, mientras tanto yo seré ese viento sin rumbo, buscando que vengas a dibujarme en tus sueños.
D.Y.C.

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